Una serie sencilla, divertida y profundamente humana sobre hacer lo mejor que puedes con lo que tienes.

Comenzar a ver una serie se ha vuelto un desafío últimamente, y es que las series, a diferencia de las películas, pueden volverse un acompañamiento en el día a día. Una película dura dos horas, tres como máximo, y termina; una serie se ve con compromiso y, si eres como yo, hasta tiene su horario fijo.

Tal vez por lo mismo prefiero historias sencillas. No me malinterpreten: me encanta ver cómo dos reinas pelean por un castillo, pero a veces el cerebro no necesita estrés; a veces el cerebro solo quiere sentarse en el sofá y mirar a un grupo de profesores que, como tú y como yo, intentan sortean las dificultades de la vida (y se ríen de eso). A veces el cerebro solo quiere Abbott Elementary.

Filmada como falso documental, Abbott Elementary cuenta el día a día de una escuela primaria de Estados Unidos. La serie sigue principalmente a Janine (interpretada por Quinta Brunson, creadora y guionista de la serie), una profesora novata que, junto a un grupo de profesores, debe sortear una cantidad descomunal de obstáculos para poder darles la mejor educación a sus alumnos. Es una premisa simple, pero que funciona de manera impecable. Los chistes son espontáneos y veloces: antes de terminar de reírte de algo que dijo Janine, ya comenzaste a reírte de la reacción de Ava, directora de la escuela (interpretada por Janelle James y mi DIVA favorita). Hay una naturalidad en el falso documental que te hace sentir parte de esta escuela.

Los personajes son carismáticos, honestos, entrañables. No hay ni uno solo que se quede atrás, mientras que el guion de Quinta Brunson amolda cada personalidad a la perfección.

Para mí, Abbott Elementary funciona por su ingenio a la hora de hacerte reír, pero también por su corazón. La serie habla de temas serios; si bien se las ingenia para crear comedia alrededor de la desgracia, hay una verdad incómoda en cada escenario al que se enfrentan estos maestros: la falta de recursos. Esta carencia hace que los personajes deban recurrir a sus mejores artimañas para apoyar a los estudiantes (quienes muchas veces viven un infierno en sus casas). Desde una luz que apenas funciona hasta un inodoro tapado, todo en Abbott es un reto, pero, al mismo tiempo, eso la convierte en la serie que es, porque a veces tienes que hacer lo mejor que puedes con lo que tienes.

Y esa humanidad innata en personajes como Janine te da cierta esperanza; no de que las cosas mejoren, porque después de cinco temporadas sabemos que no es así de fácil, sino de que las personas pueden hacerlo mejor o, por lo menos, intentarlo una vez más.

Deja un comentario