Hot Milk: ¡Vivan las lesbianas!

¿Quién iba a decir que la única actriz por la que continué viendo Sex Education terminaría protagonizando una película tan cargada de emociones, female rage y mis traumas maternales más oscuros? Hablemos de Hot Milk.

Basada en la novela homónima de Deborah Levy, Hot Milk cuenta la historia de Sofía (Emma Mackey), una veinteañera que, junto a su madre inválida (Fiona Shaw), llega a un pequeño pueblo de Europa con la esperanza de encontrar una cura.

La película se sumerge en la compleja relación entre Sofía y su madre, y en cómo esta condiciona cada aspecto de su vida. Sofía se siente atrapada: carga con una madre cuya enfermedad podría ser psicosomática y, al mismo tiempo, lidia con el estancamiento propio de los veintes. Y cuando parece que la vida no puede complicarse más, inicia un affaire con Ingrid, quien no hace más que confrontarla con sus propios traumas.

Lo que más me fascinó de Hot Milk es la manera en que me recordó por qué amo el cine: esas escenas en las que el diálogo apenas se pronuncia, pero la puesta en escena lo dice todo; esos silencios donde Fiona y Emma se miran y, sin palabras, dejan al descubierto un conflicto imposible de ocultar. Eso, para mí, no tiene precio.

Además, la trama me atravesó de manera muy personal. Como alguien que vive con mommy issues, ver a Sofía librar una guerra contra su madre para sacarla del estado en que se encuentra fue devastador.

Y, por último pero no menos importante, Hot Milk también ofrece un drama erótico entre lesbianas. Y no lo voy a negar: pocas cosas disfruto más que ver a dos mujeres amándose y sufriendo al mismo tiempo en la pantalla.

No diría que Hot Milk es una película para todo el mundo, pero sí estoy seguro de que no deja a nadie indiferente. Si buscan algo oscuro, intenso y profundamente dramático, esta es, sin duda, su película.

Vale 🎀

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